miércoles, 11 de marzo de 2015

Jaragua, un poco de memoria.

- Rossy ¿Puedes escribir tus memorias de Jaragua aquí?. 

Dedicado a la escritora y amiga Virginia Read Escobal

Petroglifos conocidos como Las caritas de los Indios, próximos al lago Enriquillo.

El día de ayer 10 de marzo "amanecí con el indio en la cabeza", es una forma muy personal de describir(me) cuando siento ciertas añoranzas y sensaciones en mi espíritu; ese día en Madrid, ciudad donde vivo actualmente, me desperté así, por lo que me dediqué a buscar recuerdos, fotos y memorias de mis viajes a lugares ceremoniales en los cuales se venera a los taínos, donde he visto altares de indios. Ese día compartí por las redes sociales algunas imágenes, sin saber que mi inconsciente me llevaba a Jaragua, mi pueblo natal, coincidencialmente de aniversario de su fundación ese mismo día.




Monumento a la cultura de Jaragua, en la entrada del Municipio.


Es así como me llega un mensaje de la amiga y admirada escritora Patricia Read Escobal, - Rossy ¿Puedes escribir tus memorias de Jaragua aquí?- me escribe desde la página de facebook de "El pacto de Guani", un delicioso cuento infantil inspirado en mitos taínos, para el cual se creó un concurso el año pasado junto a "Lleva un libro en tu maleta" y la Fundación Hhs y con cuyos ganadores tuve el honor de hacer un recorrido por la geografía descrita en el libro por la Laguna de Oviedo y Bahía de las Águilas, con los participantes, niños y jóvenes estudiantes de las provincias Barahona, Independencia, Bahoruco y Pedernales.

Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, fue bellísimo, es tal y como lo relata el cuento. ¿Toda esa travesía en un día? pues sí, les comentaba a mis compañeros de piso aquí en Madrid, así que es demasiada coincidencia con "el indio interior", y escribiré algo. Hoy, me he animado e intentaré escribir un poco de mis recuerdos de niñez y de toda la cultura oral taína con la que crecí.

Un poco de memoria...

Nací un octubre en Jaragua, a orillas del lago Enriquillo y a las faldas de la sierra, de pequeña recuerdo alzar mi vista entre Bahoruco y Neyba, las dos grandes sierras divididas por el inmenso lago.


Ahí crecí, en el sector El Hato, en el centro del pueblo, y recuerdo toda la cultura oral taína que acompañó mis primeros años de vida. "Si llueve salen los indios y cantan", "Los indios viven dentro de unas cuevas","Salen indios de debajo del agua" "Así comen los indios" ... unos platos de higüero muy bonitos que nos compraban en el mercado para que comiéramos más. Y cosas así, como ir a Las Caritas con la familia, a orillas del lago y hablarles a los petroglifos... como si nos oyeran!! -Hoy eso tiene mucha fuerza simbólica para mí.


Sobre el pueblo de Jaragua, la historia cuenta que: "Antes de la Conquista Española, el territorio de lo que hoy es Jaragua era parte de Bahoruco, uno de los 26 nitaínos que pertenecían al cacicazgo de Xaragua. Con las devastaciones de Osorio pertenece a Azua, en 1795 y para entonces se llamaba Barbacoa, nombre que conserva hasta el siglo XX; en 1937 fue bautizada con el nombre de Villa José Trujillo Valdez, en honor al padre del dictador, y el 22 de agosto de 1943 la comunidad fue elevada a Distrito Municipal. Al final de la dictadura se le cambia el nombre por el de Jaragua, en honor al cacicazgo de Bohechio y Anacaona y desde 1963 conserva este nombre. El 10 de marzo de 1977 es elevada a Municipio, y pertenece a la provincia Bahoruco.


Se han estudiado vestigios taínos en la zona, e incluso analizado nuestro fenotipo y rasgos físicos, y la verdad es que esta parte del sur dominicano fue donde se dieron las últimas rebeliones, tanto de aborígenes como de esclavos traídos del África. 

Pues como cosa normal, así pasó mi infancia, llena de toda esa cultura de mitologías y leyendas sobre nuestros indios; ya en la adolescencia, viviendo en Santo Domingo sentía un poco de rubor al hablar de eso, sobre todo cuando escuchaba categóricamente "que no quedan indios en el país", o cuando escuchaba despectivamente "no somos indios" ... eso me molestaba, francamente.


Pero por suerte, cuando empece mis estudios en la Facultad de Artes, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo conocí gente que pensaba y sentía lo mismo como yo, estudiaban nuestra herencia cultural taína y procuraban que se preservara, y de eso ya ha pasado mucho. 





En uno de mis viajes a Bahía de las Águilas.




Foto en mural de homenaje taíno en el Centro Cultural Mirador.


Reconozco que no soy muchacha de mucho arraigo personal, mucho menos territorial, no me va ese tipo de identidad, y a veces tengo que memorizar caminos para poder volver... porque me gusta andar mucho, la verdad; pero a través de mis pasos se pueden ver ciertas líneas - a menos eso me dicen los amigos-. Una parte de mí sigue siendo esa niña, que hizo sus estudios en la Escuela Primaria Anacaona, en Jaragua y parte de la secundaria en el Liceo Manuel de Jesús Galván, en Neyba - ¡ Vaya casualidad de la vida! la cacica de Xaragua y tía del cacique Guarocuya (luego llamado Enriquillo), y el autor de la novela Enriquillo, un clásico de la literatura latinoamericana-


De adulta he vuelto a recorrer esos caminos, otros los he descubierto ahora porque de niña era imposible. Subiendo a las lomas, nadando en las cuevas, recorriendo caminos y lagos hacia las islas de los lagos y lagunas de los alrededores, y en mi presente, viviendo la experiencia Europea, leyendo mucho, visitando archivos, siempre caminando, recorriendo, buscando un camino, mi camino, mis caminos, pues.

Para terminar, les cuento que a pesar de lo ingenua que te puedan hacer pasar cuando hablas de la herencia taína, es siempre importante conocer la historia, y respetar el legado. Siempre recordar lo cultos y civilizados que fueron, sobre todo si comparamos la historia en el presente, lo incivilizada e inhumana que fue.

Recuerden la vasta cultura de Anacaona, su diplomacia, que hoy en día sería consideraba una heroína... y sin embargo no, y sobre todo recuerden a Caonabo, su esposo, al que capturaron los españoles y nunca se sintió esclavo, nunca fue servil, a pesar de que lo encadenaron con grilletes en la casa de Colón, fue indómito de carácter... esa historia me encana! y que murió de tristeza, tal vez, como muchos de nuestros ancestros. Ha sido la cultura y religiosidad popular la gran preservadora de este gran legado, y qué bueno.





Foto tomada en uno de mis viajes a Mata los Indios, Villa Mella. Es un altar a los indios, de la división taína de la religiosidad popular dominicana.

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